✊ Romper los muros del castigo

Reflexión a partir de la entrevista con el colectivo Traba


Un colectivo que incomoda para hacer pensar

Traba es un colectivo transfeminista y anticarcelario de Valencia que lleva años acompañando a personas presas, difundiendo sus voces y denunciando lo que ocurre dentro de los muros del sistema penitenciario.
Su trabajo no se basa en la asistencia o la caridad, sino en la acción política y el cuidado colectivo.
Hablan con claridad y sin concesiones: la cárcel no repara, no reeduca y no cura. La cárcel selecciona, castiga y perpetúa la exclusión social.

En su entrevista, las integrantes de Traba nos invitan a mirar hacia donde la sociedad prefiere no mirar. A través de sus palabras se dibuja un mapa del encierro, del dolor, pero también de la esperanza y la dignidad que persisten incluso en los lugares más hostiles.

Lo que pasa dentro: enfermedad, silencio y deshumanización

Según denuncia Traba, los centros penitenciarios del Estado español son espacios de sufrimiento estructural.
Las personas presas enfrentan abandono médico, sobremedicalización, negligencia y, en muchos casos, violencia directa o tortura encubierta.
La salud mental es una de las grandes heridas: el aislamiento y la falta de atención convierten la cárcel en un lugar donde la enfermedad se cronifica.

Las cárceles no son centros de reinserción, sino de reproducción del daño. Quienes entran salen más rotas, más pobres, más solas.
La institución penitenciaria se sostiene sobre la idea de castigo y venganza, una cultura punitiva que atraviesa toda la sociedad y que legitima la violencia institucional.
“El primer muro de la cárcel es la indiferencia”, dicen desde Traba.

Mirar de frente: lo que la cárcel dice de nosotros

Traba insiste en que las prisiones son un espejo del sistema social. No están llenas de “criminales peligrosos”, sino de personas empobrecidas, racializadas, precarizadas, expulsadas de los márgenes del bienestar.
Mirar las cárceles es, en realidad, mirar la injusticia que sostenemos fuera.

La cárcel se convierte así en una gran metáfora del fracaso colectivo: un espacio donde la sociedad encierra sus contradicciones, sus miedos y sus culpas.
Mantener el sistema penitenciario tal como está es, de algún modo, aceptar la desigualdad como forma de orden.

Humanizar: acompañar, prevenir y cuidar

Frente a la lógica del castigo, Traba propone acompañar.
Humanizar no significa justificar los daños cometidos, sino reconocer la complejidad del sufrimiento y apostar por la reparación.
La justicia, afirman, debe ser una herramienta de sanación, no de venganza.
Es urgente transformar la mirada social sobre las personas presas, apoyar a sus familias y construir redes de cuidado fuera de los muros.

La verdadera prevención no está en más policía ni en más cárceles, sino en más vínculos, más comunidad y más oportunidades.
Prevenir es educar, acompañar, escuchar. Es evitar que alguien llegue al punto de ser castigado por no haber sido sostenido antes.

Hacia un mundo sin cárceles

Soñar un mundo sin cárceles no es ingenuidad: es un ejercicio de imaginación política.
Trava recuerda que, como sociedad, hemos naturalizado la idea de que la prisión es inevitable. Pero no siempre fue así, ni tiene por qué seguir siéndolo.
Un mundo sin cárceles no es un mundo sin justicia, sino un mundo con otra justicia: una que repare, que escuche, que cuide, que aprenda a convivir con el conflicto sin destruir a las personas.

Romper los muros del castigo no es solo una consigna.
Es una invitación a pensar la libertad como una práctica compartida, donde nadie quede fuera.
Porque, como dice Traba, “las cárceles están llenas de gente que el sistema quiso olvidar, y nuestra tarea es recordarles”.



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